Quiero comenzar por decir que esta es una opinión personal, porque no creo que exista una sóla forma de vivir el Día de la Mujer, ni me creo nadie para decidir de qué manera es correcto luchar o conmemorar los 8 de marzo de cada año.

Pero hay algo en lo que creo que vamos llegando a consenso, o al menos yo creo firmemente en lo siguiente: Este no es un día de celebración, no es el día para que nos den regalos, ni elogios, ni que nos caiga un “Felicidades”. Este ni siquiera es una día solo de mujeres. El día de la mujer, y todo el año, pero particularmente el 8 de marzo, nos compete a todos. Hombres y mujeres. En la aún difícil tarea de reivindicar a la mujer. De alcanzar la igualdad. Porque no pedimos más que el resto, ni queremos menos para nadie. Solo exigimos lo mismo, para todos. Y ser feminista no es más que eso, reconocer y luchar por la igualdad, para hombres y mujeres.

Paréntesis: Si, podemos decir que si tu quieres igualdad, también eres feminista. Que el feminismo no es lo opuesto al machismo y que ser feminista no significa  un extremo. Eres hombre o mujer y quieres igualdad para todos? Eres feminista! Feminismo, es humanismo, a final de cuentas.

Algunos dirían entonces que este es un día para las acciones y no para las palabras. Pero yo creo profundamente en el poder de las palabras. En que el lenguaje construye realidad, y en que los mensajes que compartamos hoy pueden visibilizar o empañar el objetivo de esta fecha. Es por esto que hago un llamado a que hoy no nos felicitemos, no celebremos, y más bien conmemoremos, reflexionemos, debatamos y expresémonos, y dentro de lo posible, dejemos que todo eso confluya y que este día nos transforme, un poquito, en hombres y mujeres más justos, más despiertos y más conscientes.

Un poco de historia sobre el Día de la Mujer

Existen numerosos hechos históricos que marcan esta fecha, principalmente desde comienzos del siglo XX y a través de una ola de huelgas, muchas de ellas lideradas por mujeres, pero de las cuales participaban también hombres, y se exigía equidad y dignidad, mayoritariamente en temas laborales y de derechos humanos. Uno de los hitos importantes fue el 19 de marzo de 1911, en Suiza, Austria, Alemania y Dinamarca. Más de un millón de mujeres y hombres se reunieron por el derecho de voto y la ocupación de cargos públicos para la mujer, el derecho al trabajo sin discriminación laboral y la formación profesional.

En menos de una semana, el 25 de marzo, ocurre un suceso del cual vengo escuchando desde niña y ha quedado registrado en mi país (Chile), como uno de los momentos que marcó definitivamente la lucha por la igualdad. Se trata del incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist, ocurrido en Nueva York, el 25 de marzo de 1911. Murieron aproximadamente 140 personas, en su mayoría mujeres, y la tragedia evidenció las precarias condiciones en las que trabajaban, muchas de ellas inmigrantes. Esto tuvo repercusiones inéditas en la legislación laboral de Estados Unidos.

Los años siguientes continúan las conmemoraciones en diferentes partes del mundo, siempre en torno a finales de febrero y la primera semana de marzo. La paz, el derecho a voto y a trabajos dignos fueron la consigna en tiempos de guerra. La famosa huelga “pan y rosas”, encabezada por obreras textiles en 1912, en Massachussets, Estados Unidos, culminó con la reducción de la jornada laboral, el aumento de salarios y el reconocimiento de los sindicatos. La necesidad de alzar la voz y pelear por los derechos cobra cada vez más fuerza y sentido.

Luego, en 1917, las mujeres rusas se declaran en huelga bajo el lema “pan y paz”, como reacción frente a los millones de soldados rusos muertos en guerra. En consecuencia, el Zar se vio en la obligación de abdicar y se les concedió a las mujeres el derecho a voto. Esta fecha fue clave y ocurrió el 23 de febrero para el calendario juliano, entonces el que se usaba en Rusia, pero un 8 de marzo en calendario gregoriano. Según entiendo, desde entonces que se conmemora en todo el mundo el Día de la Mujer el 8 de marzo.

Conclusión respecto al Día de la mujer

En este post he querido resaltar ciertos momentos históricos que personalmente me hacen sentido, me inspiran, me sensibilizan y me mueven. Son un motor para entender que aún hay mucho que hacer, mucho por lo que luchar, y que la igualdad es tarea de todos los días y nadie queda ajeno. Pero hay mil momentos más que fueron clave para otros hombres y mujeres, y siguen ocurriendo día a día. Momentos que no hay que olvidar. Esta lucha puede tomar diversas formas en el camino, y personalmente quisiera que la violencia no fuese una de ellas. Porque la violencia tergiversa el fondo. Y el fondo de todo esto no es más que amor. Más amor.

Por todas las que alguna vez escuchamos algo con los oídos pero nos dolió el alma. Por las que alguna vez creímos que amor podía ser que te controlaran, que decidieran por ti, o que te reprimieran. Por las que hemos sido amadas cuando callamos, cuando dormimos, cuando nos tapamos, pero hemos sido violentadas cuando alzamos la voz, cuando somos despiertas y conscientes, cuando somos libres de decidir reírnos fuerte, llevar menos ropa, acostarnos con alguien o masturbarnos por la misma razón que comemos chocolate: porque es rico.

Por todas las que escuchamos al jefe decirnos que vayamos en falda a la reunión y asintamos. Por las que aguantamos que nos pusieron uno o más dedos encima, cuando no queríamos, pero la fuerza nos ganaba. Por las que en la boca de otro u otra, hemos sido putas, histéricas, exageradas, frígidas, brujas, perras, marimachas, malas mujeres, como si existiera una sola y buena forma de ser mujer. Como si existiera una buena y sola forma de ser persona, como si alguien pudiese realmente pasarnos la cuenta por tener vagina y enseñarnos a ser. A ser. Se dan cuenta?

Por eso este ‘día de la mujer’ no celebro, lucho, como todos los días, con las contradicciones y dificultades que eso me implica, y no lo hago solo por nosotras. Lo hago por los hombres y mujeres con los que comparto este mundo, a ver si cuando lo deje se ha convertido en un mundo mejor, para los que vendrán.

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